El arte de soltar – 2/2

En una anterior entrada ya hemos hablado de la mente discursiva y la capacidad que tiene para determinar “el cómo deberían ser las cosas, que no están siendo”. De esta manera dejamos de vivir lo que realmente está aconteciendo y nos quedamos en el reflejo de la imagen unido a la palabra, la vivencia en sí ha desaparecido.

Ahora nos vamos a centrar en aquellas pautas y herramientas que nos va a ayudar a soltar ese discurso interno.

Uno de los regalos que nos ofrece la sabiduría ancestral del budismo es la MEDITACIÓN. Al focalizarnos en un objeto concreto y dejar que nuestros pensamientos simplemente pasen de largo, estamos disminuyendo la intensidad y la charla constante de la mente discursiva. Con la meditación conseguimos fusionarnos directamente con la experiencia y evitamos que se produzca esa fusión cognitiva entre la imagen de lo que está aconteciendo y la palabra en forma de diálogo que nosotros mismo implementamos.  Por tanto, uno de los mejores consejos es dejar de comentar lo que está sucediendo y comenzar a vivirlo, de forma plena. Fusionarnos con la experiencia.

Algunos de estos discursos no solo son comentarios, sino que se quedan grabados en nuestra mente como si fuese la experiencia misma. Estos pesares se van acumulando y los vamos arrastrando innecesariamente. Por eso aquí vengo a decirte: ¡Suelta aquello que ya ha concluido! Es aprender el arte de dejar ir esas experiencias trágicas que ya no tienen nada que enseñarte. SUÉLTALA, no es necesario seguir experimentándola, que no te siga hundiendo, ya no la necesitas. Libérate de ella.

Mira que cosas en tu vida puedes soltar. El pasado es una prisión, en la que estamos “cómodos”. Estamos identificados con ello y nos identificamos en el modo víctima. El futuro es necesario ser soltado, pues va creando mucha insatisfacción y miedo en el presente. “Suelta la esperanza porque la otra cara de la moneda es el miedo” Si esperas ser feliz cuando pase esto o lo otro, también tienes miedo que no pase. Es sano planear, tener metas, objetivos, es bello y necesario, e incluso importante, pero no dejes de vivir el presente porque es lo único que existe. Algo que resta mucha energía son las críticas y las quejas. Aquella forma que tenemos de relacionarnos con el mundo. Ante cualquier situación que te resulte incómoda, soltar la crítica hace que ese malestar no se cristalice. Hay una parte que es natural, que es desagradable pero el añadido es la queja o la crítica.

Acepta la realidad tal cuál es. Existen circunstancias que son tal y como son y no se pueden cambiar, o es necesario un tiempo para que la modificación ocurra.  En cuanto a las personas, no es sencillo que las personas cambien. Desde fuera puede parecer muy razonable aquello que nosotros vemos como ideal, pero internamente y en la otra persona, modificar eso puede conllevar un gran esfuerzo, que primero cuesta reconocer y luego implementarlo. Las exigencias de pedir que alguien sea diferente a como es, solo causa sufrimiento. Entiende que cada ser tiene su propio mecanismo mental interno. Seguir añadiendo más energía a eso, solo te va a provocar más dolor interno. Y no se trata de ser una persona pasiva o aguantar todo lo que nos venga de otros. Simplemente observa y sé honesto, y descubre que tiene mejora y se puede cambiar y aquello que no la tiene y no se puede cambiar.

Otra manera de soltar, es estar contento y satisfecho con lo que hay y con lo que se presenta. Si consigues estar satisfecho con ello, vives en libertad. Sentirnos como “en una prisión” es una actitud que tenemos nosotros de querer que las cosas sean diferentes. Lo que se pretende es modificar esa actitud de no estar conforme y evitar ese sufrimiento añadido, encontrar la paz, incluso ante la adversidad.

Todo este mecanismo de soltar y no aferrarse a la mente discursiva requiere valentía, esfuerzo, constancia y quizá ir un poco a la contra de nosotros mismos o mejor de nuestro egocentrismo. Con la perseverancia y la repetición, podrás llegar a conseguir instaurar en ti un mecanismo de libertad genuina, en el que eres tú quien realmente decides que cuál es tu diálogo interno y cómo quieres seguir la conversación de la historia de tu vida.